Cada experiencia es un regalo, cada experiencia te transforma siempre y cuando estés dispuesto a aceptar, observar y a abrirte al cambio.

Entre todas los retos en los que uno se puede ver envuelto en la vida, para mí no hay otro tan grande como mantenerse amable, consciente, conectado y compasivo.

Es tan fácil desconectarse…

Nos perdemos en nuestro día entre lo que nos pasa, nos ha pasado y lo que todavía no viene…

Nos perdemos entre enfados y frustración,  entre supuestos yo soy esto, yo tengo esto, y sin darte cuenta todos tus títulos y todos tus logros, esos que muestras con orgullo para que otros te definan desde ahí, desde la limitación.

Eso que te enorgullece y con lo que quieres que los demás te identiquen, en realidad no te está definiendo, sino limitando.

Y lo permites.

Y te gusta.

Y te enorgullece

Y sin querer, se llena tu ego y se vacían tus posibilidades de cambiar

No de cambiar eso que te gusta y te hincha el pecho y te enorgullece, sino te impide cambiar y sentirte desde el amor, desde la entrega, desde la compasión y desde el vacío.

Pues al final no nos vaciamos de lo bueno y de lo que nos hace sentir seguros, sino que nos vaciamos para llenarnos.

Nos vaciamos de las limitaciones de quienes creemos que somos hoy

Esa persona que tiene tanta razón, esa pera limonera que agria todo lo que le rodea…

Me vacío de mí para permitirme ser todo aquello que me impide mi personalidad actual, pues mi consciencia de ser está limitada por los pecados de empeñarme de seguir siendo el que soy

Ser quien soy está bien siempre y cuando esté conforme con mi vida, con lo que tengo, con lo que me sucede y con cómo me siento en el mundo respecto a mí mismo y a los demás.

Cuando todo es feo a mi alrededor, yo soy feo.

El mundo soy yo mismo exteriorizado fuera y todo lo que es feo para mí será percibido por los demás respecto a mí mismo.

Qué difícil es sentir al otro desde el amor incondicional, a ése que no conozco, a ésa que no sabe hacerlo mejor que yo…

Y es que yo soy todo lo mejor, y lo mejor es el gran sufrimiento y desconexión que tengo. Una desconexión tan grande que me impide ser y dar amor.

Y es que no hay mayor muestra de amor que la que pueda sentir y demostrarme a mí mismo, y esa muestra de amor hacia mi mismo, de manera incondicional, es aquella que nace cuando menos lo siento, cuando menos me apetece, cuando más tengo la razón.

Cada vez que sientas rechazo por otro, dale amor. Tal vez no te nazca al principio pero inténtalo y practícalo un ratito, pues poner amor cuando fluye la rabia la molestia hacia otro en mí, es parar el ciclo de la insatisfacción que invade mi vida para dar paso a romper ese hechizo del quiero pero no puedo y del «todomepasaamí».

Dale paso a tus sueños llenándote de satisfacción mientras practicas el vacío del ser eterno.

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